ANÁLISIS DEL BARÓMETRO DEL CIS DE JULIO DE 2017

Por Agustín Turiel Sandín

En contra de la pérdida de votos que, a raíz del triunfo de Pedro Sánchez en las primarias socialistas, auguraban las encuestas publicadas en un periódico otrora de orientación progresista y hoy partidario de una gran coalición PP-PSOE, el Partido Socialista, según el barómetro de julio del CIS; ha subido 5 puntos en intención de voto.

Pero, además, en voto directo ha subido en 5,7 puntos, hasta el 19,1 por ciento, superando en 2 puntos al PP.

Item más, en voto + simpatía ha subido en 5,1 puntos, hasta el 22,2 por ciento, superando en 3,5 puntos al PP.

No obstante todo lo anterior, en la estimación de voto el CIS, tras cocinar y cocinar los datos, le da la victoria al PP pero reduciendo la distancia a 3,9 puntos frente a los 11,6 puntos que le daba de distancia en abril.

Como quiera que el escenario electoral español, además de la presencia de nacionalistas de diferente signo, no es dominado por sólo dos partidos, quiero extender mi análisis anterior enfrentando los datos de toda la izquierda no nacionalista (PSOE y Unidos Podemos) con los de toda la derecha no nacionalista (PP y C’s).

Los hechos más relevantes acontecidos entre abril y julio han sido, por el lado de la izquierda, las primarias del PSOE y la moción de censura de Podemos, y, por el lado de la derecha, la catarata de nuevos casos de corrupción del PP que han salido a la luz y la declaración de Rajoy ante los tribunales. Hay que hacer, no obstante, la advertencia de que la aludida declaración de Rajoy lo fue cuando el CIS ya había hecho el trabajo de campo de la encuesta correspondiente al barómetro de julio.

Como puede verse en el cuadro que acompaño

cuadro

las diferencias entre los barómetros del CIS de abril y julio han sido:

  • Por el lado de la derecha la bajada de 3,1 puntos en la estimación de voto debida fundamentalmente a la pérdida de 2,7 puntos del PP, si bien se observa también un pequeño descenso en C’s (0,4 puntos) lo que evidencia que, en contra de lo que aseguran muchas de las opiniones publicadas en varios medios, la afirmación del PSOE en la izquierda no le hace perder votos por el centro-izquierda.
  • Por el lado de la izquierda la subida de 5,6 puntos en la estimación de voto debida fundamentalmente al incremento de 5 puntos en el PSOE, lo que demuestra con rotundidad que Pedro Sánchez era el candidato preferido para secretario general socialista por una gran mayoría de votantes y antiguos votantes (fundamentalmente de los que se habían ido a la abstención) socialistas y cuyo triunfo en las primarias del 21 de mayo ha generado grandes expectativas. También se produce un avance de Podemos (0,6 puntos) lo que pone en evidencia que su moción de censura no le ha supuesto pérdida sino aumento en la estimación de voto. Es de destacar que el barómetro de julio otorga con toda claridad la hegemonía de la izquierda al PSOE, con 4,6 puntos de distancia con Unidos Podemos, hegemonía que había perdido fundamentalmente a raíz de azaroso Comité Federal de la formación socialista de 1 de octubre de 2016.

La combinación de lo que ha pasado a derecha e izquierda nos coloca en un escenario electoral muy favorable para la izquierda que ha pasado de estar situada 6,8 puntos por debajo de la derecha en el barómetro de abril a colocarse a 1,9 puntos por encima de la misma en el barómetro de julio.

Presidente Donald Trump. Las 8 claves del desastre:

Quizá en algún universo paralelo el Reino Unido sigue unido a Europa, y tampoco en la mayor democracia de Occidente acaba de ganar las elecciones un peligroso millonario ignorante, misógino y racista. Pero estamos en el mundo real, esto es 2016. Y, para celebración del Ku Klux Klan, neo-nazis que propugnan una “América blanca y cristiana”, y de un caudillo ruso llamado Vladimir Putin, lo cierto es que Donald J. Trump va a ser el 45º presidente del país de Abraham Lincoln. Estas son las claves:

Monumento a Lincoln, Washington D.C.

1.- Hillary gana el voto popular: Lo cual no sirve para nada en el sistema electoral americano. Si bien ha logrado más votos en total que Trump, los demócratas se concentran en las ciudades más densamente pobladas de ambas costas, lugares como California y Nueva York en los que vencen cómodamente (con más del 60%). Sus votantes están así “mal repartidos” en el mapa electoral. Ya sucedió lo mismo en el año 2000 con la victoria en votos de Al Gore sobre George W. Bush. La presidencia de Bush resultó un fracaso absoluto, pero puede que en breve no nos parezca tan mala.

2.- La elección se ha decidido en los estados del Rust Belt, el cinturón industrial del que tanto hablamos anteayer (¿Por qué votan los obreros a Trump?): el magnate ha barrido con 8 puntos de ventaja en Ohio, el lugar más republicano. Pero además ha logrado arañar por apenas 1 punto o menos Wisconsin, Pennsylvania, y Michigan. (New Hampshire ha caído para Hillary por apenas 0,3%). Por un puñado de votos, menos de 100.000 en total, los demócratas han perdido estos tres bastiones que daban por seguros y que necesitaban ganar sí o sí. Y ello les ha costado las elecciones.

3.- El FBI no debería participar en procesos electorales. El director del FBI, el republicano James Comey, anunció una investigación sobre los e-mails de la candidata democráta a 11 días de las elecciones, suceso que monopolizó durante una semana la cobertura mediática para, al final, cerrarse el no-escándalo sin haber encontrado nada. En ese intervalo la ventaja de Hillary descendió en los sondeos una media de 3 puntos. Se supone que estas cosas no ocurren en países democráticos desarrollados.

4.- El votante republicano es increíblemente disciplinado: Trump ha mantenido una enorme fidelidad entre los votantes de siempre del partido, a pesar de que se pensaba que los más centristas podían abandonarle horrorizados o quedarse en casa. Pero la derecha americana ha demostrado ser disciplinada y eso ha beneficiado igualmente en las urnas a sus congresistas y gobernadores, muchos de los cuales se apartaron de Trump pensando que podía ser electoralmente tóxico. Sin embargo, al votante republicano le ha dado igual: han votado a todo el ticket del partido, ya fuera a Trump, supuesto multimillonario anti-establishment, ya fuera a senadores republicanos ultraconservadores que llevan 30 años en política defendiendo los intereses del establishment.

5.- Esto no es una revuelta por causas económicas: no se sostiene la tesis tan extendida de la supuesta rebelión de “pobres y parados maltratados por el sistema”. Los datos apuntan en otra dirección: el paro es de menos del 5% y lleva bajando desde que Obama llegó a la Casa Blanca (quien sí se encontró una tasa disparada al 10% en 2008). Los salarios han subido. La economía americana, por las políticas de estímulo fiscal, hace años que recuperó y superó los niveles de PIB anteriores a la Gran Recesión, mucho antes que Europa y desde luego que España (que aún somos más pobres que en 2008, en contraste con EEUU). Pero además es que son precisamente los trabajadores más pobres y precarios, trabajadores negros e hispanos, quienes mayoritariamente han votado al partido demócrata, que defiende un programa mucho más social.

6.-  La presidencia Trump será un desastre para todos los trabajadores. Esto es obvio y lo avalan hasta veinte premios Nobel de Economía: proteccionismo equivale a provocar una guerra comercial global y una recesión. Su programa es anti-salario mínimo y negociación colectiva, anti-Obamacare y programas sociales, pro-bajada de impuestos a rentas altas. Su negacionismo del cambio climático es catastrófico para todo el planeta. Todo ello hará peor la vida de millones de personas en todo el mundo.

7.- Ha ganado gracias a la clase obrera blanca, pero obrero no es sinónimo de precario, parado o pobre. Frente al tópico, muchos votantes de Trump son trabajadores bien posicionados, con salarios de más de 50,000 $ al año. Hay casi pleno empleo y la economía crece. Y las preocupaciones que manifiestan no versan sobre tratados de libre comercio o desigualdad social. Lo que les mueve a las urnas es el rechazo al inmigrante, los refugiados y la diversidad racial, que asocian con terrorismo y crimen (el cual lleva años disminuyendo). Buscan respuestas autoritarias de mano dura: “ley y orden”.

8.- Trump ha explotado con enorme éxito el nacionalismo y el racismo: en sus mítines, en sus anuncios de TV, en sus mensajes en código. Su campaña ha atacado con determinación y método a todo el que no pertenece a esa mítica “América blanca y cristiana”: negros, hispanos, asiáticos, inmigrantes, refugiados, musulmanes, judíos…

En ocasiones el mensaje era explícito (“los mexicanos son criminales y violadores”), y en ocasiones velado. Un ejemplo: en todos sus mítines el guion incluía exhortar a la masa a ir a vigilar bien, el día de las elecciones, ciertas zonas que vosotros ya sabéis (guiño), en clara referencia a los negros, que supuestamente conspiraban para amañar la votación y robarles el país a nosotros, los blancos. Una patraña sin ninguna prueba que sin embargo Trump no paraba de repetir. La América en decadencia que vendía en cada mitin, la América de Obama, primer presidente negro, era un desastre: incluso los terroristas del ISIS estaban a las puertas porque América, con Obama, era débil. Pero Trump les prometía hacerla grande de nuevo, con “ley y orden” como en los viejos tiempos cuando el hombre blanco era el amo y señor.

En conclusión, y aunque resulte aterrador, Trump se ha impuesto por la mínima aupado  por el voto de la clase obrera blanca. Y lo ha obtenido, como los demagogos del pasado más terrible de Europa, a base de dividir y enfrentar a la sociedad, explotando el prejuicio y la ignorancia mediante la exaltación nacionalista, racista y xenófoba. Así es como lo impensable en las democracias que creíamos más avanzadas se ha hecho realidad. Exactamente igual que en la campaña del Brexit en Inglaterra. ¿Exactamente igual que Le Pen en Francia, y Alternative für Deutschland en Alemania? Pronto lo sabremos.

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¿Por qué votan los obreros americanos a Trump?

En la recta final de la ajustada campaña presidencial en EEUU, el candidato republicano Donald J. Trump está concentrando sus últimos mítines en lugares inusuales, en otro tiempo considerados bastiones del partido Demócrata: Wisconsin, Michigan, Ohio, Pennsylvania o New Hampshire. Son estados entre los Grandes Lagos y la costa Noreste, que forman el Rust Belt o cinturón de la industria pesada americana, región donde se concentran desde la era de la Revolución Industrial las grandes fábricas de automóviles, altos hornos, acero, minería,… Sectores en declive desde hace décadas debido a la globalización, la deslocalización y el cambio tecnológico. Trump sabe que su camino a la Casa Blanca pasa necesariamente por arrebatar a los demócratas alguno de estos estados, además de Carolina del Norte y Florida. Tarea difícil pero no imposible. Para ello necesita del voto de la clase trabajadora, pero ¿por qué iban a votarle?

Detroit, Michigan.

Ciertamente, Trump no parece a priori dar el perfil de gran héroe de la clase obrera: más bien se trata de un multimillonario rico desde la cuna, privilegiado playboy de Manhattan que no pierde ocasión para hacer ostentación y alardear de su supuestamente inmensa fortuna, y en cuyo historial empresarial abundan casos de explotación a sus trabajadores, prácticas anti-sindicales, impagos a proveedores, pleitos, denuncias de fraude, acoso sexual, quiebras de casinos en Atlantic City…

Tampoco ha destacado nunca Trump por su filantropía —sus donaciones a obras de caridad, una costumbre de los millonarios en EEUU, son difíciles de encontrar— ni por su solidaridad fiscal. De hecho, además de negarse reiteradamente a hacer pública su declaración de la renta (una regla no escrita que han cumplido todos los candidatos a Presidente desde los escándalos de Richard Nixon), una investigación del New York Times reveló que el magnate ha estado 20 años sin pagar nada de IRPF gracias a la habilidad de sus contables para explotar lagunas en el código fiscal (Trump asegura que esto le convierte en “un genio”, y que por ello solo él puede “arreglar el sistema”).

Desde luego, el programa político de Trump y el partido Republicano es contrario a los intereses económicos de los trabajadores: promete eliminar el salario mínimo y la negociación colectiva, bajar impuestos al 1% más rico y recortar el Estado del Bienestar, además de revertir todas las reformas progresistas de Barack Obama (que ha logrado bajar el paro a menos del 5%, controles a Wall Street y a las aseguradoras, extensión de la sanidad para 20 millones de personas, protección medioambiental y lucha contra el cambio climático…). Es, en suma, un programa diametralmente opuesto al que presenta el partido Demócrata, como ha señalado repetidamente el senador Bernie Sanders.

Así pues, si ni la trayectoria personal ni el programa de Trump parecen beneficiar en nada a los trabajadores, ¿cómo puede pretender que le voten? En realidad su fórmula no radica en ninguna innovación original del demagogo neoyorquino, sino que debemos encontrarla en la receta mágica que desde hace más de un siglo han venido aplicando, con éxito y en cualquier país, las clases dominantes para salvaguardar su posición frente a la mayoría social: hablamos, lógicamente, del nacionalismo y sus derivados, el racismo y la xenofobia. Unos ingredientes ideológicos que a su vez pueden degenerar en el fascismo y el nazismo, tal y como sucedió en Europa tras la Gran Depresión.

El último ejemplo histórico de lo exitosa que resulta esta fórmula lo acabamos de contemplar en el referéndum sobre el Brexit británico, una campaña basada en la exaltación del nacionalismo inglés y el odio a los inmigrantes y a los refugiados. No es casualidad que el propio Trump iniciara su carrera por la presidencia abanderando el movimiento birther, la delirante teoría de la conspiración que asegura que Obama no nació en los EEUU sino en Kenia y es, por tanto, un presidente ilegítimo. En 240 años, a ningún presidente blanco le habían preguntado nunca por su lugar de nacimiento.

De esta forma es como Trump, envuelto en la bandera patriótica y rodeado de veteranos de guerra (paradójicamente, él evitó combatir en Vietnam por ser hijo de papá), ha basado su campaña desde el primer día en promover el odio contra el enemigo interior o exterior que requiere todo movimiento político de este tipo: el enemigo son siempre los otros, ya sean gente de otros lugares, inmigrantes, latinos, afroamericanos, musulmanes, judíos, etc. Habla por sí mismo el hecho de que, si bien ningún periódico serio ha pedido el voto para Trump, sí que ha recibido el endorsement del pasquín oficial del Ku Klux Klan.

Su lema de campaña, Make America Great Again, promete a los votantes devolver el país a un punto mítico del pasado en el cual, supuestamente, todos los americanos eran felices. Al decir todos, se refiere a los hombres blancos de rentas altas. A la era previa a los años 60, al movimiento de la emancipación y los derechos civiles.

Trump ha revelado contar con un alarmantemente alto número de seguidores. Ahora bien, el principal problema de su estrategia nacionalista y racista es que, en primer lugar, una parte de la clase obrera blanca no se cree sus patrañas y su apoyo disminuye cuanto mayor es el grado de educación, según indican las encuestas. Y, en segundo lugar y más importante: en el año 2016, las mujeres, los negros y los hispanos, que también son ahora trabajadores y ciudadanos, tienen el derecho al voto. Y eso en EEUU son hoy, por suerte, muchos millones de votantes. Que, si el martes salen masivamente a votar, van a hacer presidenta a Hillary Rodham Clinton.

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Razones para un “no”

Por Agustín Turiel Sandín

Seguramente tiene razón el presidente de la gestora federal del PSOE, Javier Fernández, cuando dice que no es ideológico sino táctico debatir si interesa a España y al PSOE en estas condiciones ir a nuevas elecciones. Lo que ya no tengo tan seguro es que el previsible resultado de ese debate en el Comité Federal lo compartan la mayoría de nuestros votantes. Sinceramente, lo dudo.

Por otro lado me interesa destacar que en este nuestro foro de debate “Compromiso Socialista” hemos confrontado opiniones distintas sobre el qué hacer en nuestra habitual reunión de los viernes con toda moderación y respeto.

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Mi postura personal es la que se deduce del título de este post y voy a profundizar en cuáles son las cuatro razones que me inclinan por el “no”.

1. Decir “no” es consecuente con lo que prometimos en la campaña electoral.

O dicho con más palabras, decir “no” es lo que prometimos durante la campaña electoral como consecuencia del mandato recibido del Comité Federal de que el PSOE, ni por activa, ni por pasiva, haría posible un gobierno del PP. Un Sí por el cambio era nuestro lema electoral. ¿Es un cambio facilitar un nuevo gobierno de Mariano Rajoy? ¿Puede el PSOE por una cuestión táctica incumplir una promesa electoral? ¿Puede alguien creer que el incumplimiento de la promesa electoral se hace en beneficio de España y no en beneficio del partido? Si la promesa electoral no era buena para España ¿por qué se hizo? ¿Qué opinarán nuestros electores?

2. Decir “no” y acudir a nuevas elecciones es aceptar desde ya la exigencia de responsabilidades políticas por parte de nuestros electores lo que, sin duda, nos honraría.

A lo mejor por evitar una bofetada electoral ahora, que a pesar de lo sucedido en nuestro sábado de pasión creo yo que, con sinceridad e inteligencia, sería sólo moderada, menor, e incluso inexistente, nos encontramos más adelante con esa misma bofetada que ahora queremos evitar más un sonoro bofetón. ¿No pensarán nuestros electores que la demora en asumir nuestras responsabilidades sólo tiene por objeto que algunos de los políticos socialistas cuyo único modo de vida es la política lo hacen con objeto de aferrarse al sillón que ahora tienen durante cuatro años?

3. Permitir la investidura de Rajoy no evita unas terceras elecciones.

Se ha pretendido justificar una posible abstención técnica, que permitiera la investidura de Rajoy, en el riesgo que para España y para el partido supone acudir a unas terceras elecciones, como si finalmente el PSOE, simplemente con esa abstención técnica, pudiera evitar esas nuevas elecciones.

Pero esto, a partir del 3 de mayo de 2017, fecha en que se cumplirá un año de la última disolución de las Cortes, no es cierto. Lo único que pasará es que a partir de ese día Rajoy tendrá la capacidad de decidir cuándo y cómo serán las terceras elecciones y ya sabemos que Rajoy es un experto imbatible en manejar los tiempos.

¿Qué pasará cuando el PSOE pretenda votar en contra de alguna ley que el PP considere inexcusable aprobar? Por ejemplo, ¿qué pasará si con su voto, unido al voto de otras fuerzas parlamentarias, el PSOE impide la aprobación de unos presupuestos que el PP considere imprescindibles para cumplir con las exigencias de la Unión Europea?

Pues pasará que Rajoy disolverá el Congreso de los Diputados (no necesariamente el Senado en el que cuenta con mayoría absoluta) y convocará esas terceras elecciones culpando de la necesidad de las mismas a un PSOE irresponsable que por razones partidistas ha bloqueado un instrumento necesario para el correcto funcionamiento de las instituciones.

Dicho de otra manera, es un error, un inmenso error pensar que con la abstención se evitan unas terceras elecciones. Estas elecciones sólo se evitan si el PSOE, además de facilitar la investidura, apoya al PP, por activa o por pasiva, en las decisiones que este partido considere que debe ser apoyado. En definitiva, si el PSOE renuncia a ser oposición en todos aquellos aspectos que el PP considere necesarios para la gobernabilidad de España.

4. Permitir la investidura de Rajoy es entregar a Podemos el liderato de la oposición.

¿Quién va a ser el que lidere el PSOE en el Congreso al día siguiente de nuestra abstención?: Un interino que no ha sido candidato a la presidencia del Gobierno y cuyo mandato concluirá el día que se celebren unas primarias. ¿Podrá tal interino hacerle sombra a Pablo Iglesias?

Y si Podemos hace uso de la moción de censura ¿cuál será nuestra postura?: ¿Hacer presidente a Pablo Iglesias o permitir que siga gobernando Rajoy? Y, si preferimos a Rajoy antes que a Pablo Iglesias, esto ¿dónde nos coloca en el arco electoral?

 

 

Y ahora qué

Por Germán Carbajo García

Hace unos días nos quedamos con una gestora y con muchos problemas que resolver:

  • Cómo se debe recomponer el partido de los problemas acaecidos las últimas semanas.
  • Qué reformas ideológicas y organizativas necesita el PSOE para volver a tener el apoyo de la ciudadanía.
  • Qué se debe hacer: apoyar al PP o ir a unas terceras elecciones.

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En esta tribuna me voy a referir a esta última pregunta puesto que nos movemos entre lo urgente y lo necesario y el tema de las futuras elecciones es lo más urgente en este momento.

En el caso de unos nuevos comicios electorales escucho muchas voces cualificadas dentro del socialismo, mis referentes, y cada uno de ellos nos dan una solución muy diferente al mismo problema.

Evidentemente no voy a tratar la de pactar un gobierno con los independentistas, permitiendo un referéndum separatista en Cataluña que nos llevaría a la destrucción total como partido que quiere representar a todos los españoles. Y es que, contradiciendo a Maquiavelo, el fin no justifica los medios.

Por lo que siendo sinceros tenemos dos opciones, y ambas son muy difíciles de desarrollar puesto que, como decía Max Weber, muchas veces la ética de los principios se estrella con la ética de las consecuencias.

Como primera opción, la ética de la convicción política, sería ir a terceras elecciones. Es legítima, de hecho durante todas las elecciones se prometió que nunca haríamos presidente a Mariano Rajoy. Y es que es complicado decir a los 180.000 militantes que no hay que acudir a la máxima de aquello de que vale más honra sin barco que barco sin honra, pero, la cuestión es tal, que nos podemos quedar sin la honra y sin el barco en el mismo movimiento por diversas razones. Primero porque con una nueva cita electoral es previsible que dé la mayoría absoluta a la unión del PP y C´s, lo que chocará con los intereses de desarrollo, progreso y redistribución en este país. Es más volveremos a la política de las privatizaciones y defensa de intereses de las grandes corporaciones. La izquierda, incluso los que pretenden serlo como Podemos, no están pasando los mejores momentos por lo que caería a su nivel más bajo de representatividad habida cuenta de la división del voto. Vamos que la derecha, sí esa que debería estar ahora en sus horas más bajas por los juicios de corrupción, gobernaría el país con la misma soberbia que los cuatro años anteriores. Cómo explicar a los españoles que tendríamos la derecha otros cuatro años más sin oposición alguna o cómo poder parar de alguna manera las leyes mordaza, de educación o de reforma del mercado laboral. Cómo poner fin a la falta de comparecencias parlamentarias y a las ruedas de prensa sin preguntas. Por lo que pueden ver, la opción no es muy halagüeña.

La otra es realizar una abstención táctica, aquí nos moveríamos en la ética de la responsabilidad. Este caso dejaría una derecha con menos poder, con necesidad de pactar presupuestos y de llegar a acuerdos que, por lo menos, pongan puntos y comas a sus destructivas políticas. Cómo explicar a nuestros votantes y a nuestros militantes que esta opción es la que menos poder deja a la derecha. La verdad es que es complicado. Me atrevo a decir, como Josep Borrell, que el día que los miembros del Comité Federal y fundamentalmente de la antigua ejecutiva de este partido se dieron cuenta que no era posible resolver la ecuación de los tres “noes” (no a Rajoy, no a terceras elecciones y no a pactar con nacionalismos excluyentes) debieron barajar una negociación con duras condiciones que pudiera dignificar algo, si es posible, esta opción y poner la pelota de la gobernabilidad en el tejado del PP. A nivel interno igual los 85 diputados, como señalaba Solana, dentro de un tiempo van a parecernos muchos. Y, siendo sinceros, entre los errores de unos y otros, que culminan con el circo de la semana pasada, han acorralado al partido en un callejón sin salida. Y mucho me temo que, estando el ambiente tan encanallado, la elaboración de listas en estas circunstancias podría llevar incluso a una escisión.

Este breve artículo solo pretende despejar algunas incógnitas en el debate del “qué hacer” en esta situación. Así pues, cualquier decisión es mala, pero creo que ir ahora a terceras elecciones podría ser un desastre total. Yo, en este caso, entre la ética de la responsabilidad y la de la convicción me quedo con la primera, puesto que la convicción intenta evadirnos de los cometidos y crea al mismo tiempo la ilusión de que nosotros no somos responsables de lo que pasa, mientras que con la ética de las consecuencias nos hace responsables y participes de un final que hoy sigue siendo incierto y doloroso.

 

Un poco de orden, por favor

Por Germán Carbajo García

Cuando cogí el móvil a primera hora de la mañana algunos me preguntaron que si era de los Lannister o de los Stark. Difícil disyuntiva, ninguno merece mi respeto. A lo cual yo me pregunte ¿no puedo ser de otra cosa? Por ejemplo del PSOE.

Sé que algunos me preguntan mi posición en todo este asunto por mi independencia, pero en esta ocasión es bastante complicada. Hace tiempo que este partido se convirtió en una especie de equipo de fútbol en el que en vez de hooligans (que se emborrachaban y se atacaban entre si) aquí hay compañeros que, de una manera más ordenada y pacífica, ponen toda su bilis en el Twitter y acaban luchando unos contra otros, eso sí, con un único damnificado: el PSOE.

Ahora voy a explicar mi posición puesto que unos y otros, como dijera Lord Varys en juego de tronos, serían capaces de quemar el partido entero si pudieran proclamarse reyes de las cenizas.

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Por eso mi posición creo que debe ser explicada:

  1. No puedo estar a favor de una dimisión en bloque para eliminar una ejecutiva, no estuve de acuerdo cuando se hizo contra Julio Villarrubia y no puedo cambiar mi postura según contra quién vuelen las balas.
  2. No puedo estar a favor de un congreso Express. Tenemos un déficit de liderazgo pero también de ideas. Un congreso Express lo único que busca es perpetuar a algunos en el poder, sin realizar las reformas necesarias del partido. Yo quiero un congreso serio, con propuestas, con una organización adecuada a los nuevos tiempos y que no cierre en falso.
  3. Hoy por hoy el PSOE no esta en condición de gobernar, ayer quizá con 85 diputados tampoco. Pero cómo se puede decir que tenemos una solución a los problemas de los ciudadanos cuando ni siquiera somos capaces de resolver los nuestros. Cómo podemos pretender gobernar con un partido cuyo único objetivo es destruirnos o cómo, por otra parte, queremos regalar el gobierno a un partido que cada día se parece más a una asociación criminal.
  4. Quiero un equipo de gente válida, que no es la que hay ni la que se espera. Cuando veía a los líderes de otras épocas veía a gente con “auctoritas” una capacidad personal intachable, mientras hoy encuentro gente que se ha profesionalizado en la política. Cuando hablábamos de gente como Rubial, Gómez Llorente, Solana, Borrell, mi amigo Villarrubia, y otros muchos, eran intachables porque su cualificación profesional, ética y grado de implicación en las cuestiones sociales les hacía los idóneos. Pero cuando empezó gente cuyo único curriculum es el PSOE encontré serias diferencias. Siempre he dicho que la política no puede poner el primer plato de lentejas encima de la mesa porque algunos venderán a su madre para que también ponga el último.

Ya que destruir es fácil, ahora solo nos queda resolver el entuerto. Decía Ludwig Wittgenstein que cuando había un problema muy grave en la filosofía que algunos no eran capaces de resolver, era como cuando se metía una mosca en una botella. Algunos solo sabían resolverlo rompiendo la botella (digamos el PSOE), pero ahora debemos enseñar a la mosca a salir de la botella. ¿Cómo? Primero, en esta situación nadie esta legitimado para dirigir el partido, necesitamos una gestora dirigida por los idóneos, aquellos a los que me refería arriba. Después un congreso tranquilo, en el que, por supuesto, deberían dar un paso atrás los que por ambición personal (a veces diría más bien necesidad) han creado esta crisis. Por último, generar un programa, una normativa interna (en la que se den plazos y no beneficie al más fuerte) y un equipo que sea capaz de liderar la izquierda en España. ¿Es tan difícil? Yo creo que no, así podríamos sacar la mosca sin romper la botella. Por eso: un poco de orden, por favor.

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El Reino Unido y su “Brexit”

El Reino Unido llegó a la Comunidad Económica Europea bastante tiempo después de su creación, siempre fue reticente a la entrada y entró en 1.973.

Esa reticencia hizo que ya en 1975 el primer ministro laborista, Harold Wilson, hablase de renegociar las condiciones de su país en Europa y de un referéndum. Así siguieron hasta que en las elecciones de 1983 Thatcher gana y se estanca el asunto de la salida. Será de nuevo en 1997 cuando aparece un partido llamado del referéndum que en las elecciones europeas de 2004 queda en tercer lugar, en las de 2009 en segundo y en las de 2014, con un 65% de participación, resulta el partido más votado. Un año antes, 2013, Cameron había propuesto, sin venir a cuento y por puro interés personal, el referéndum que tantos dolores de cabeza le ha traído y que se celebrará este 23 de junio. En todo este tiempo tampoco han entrado en la zona Euro, algo que no debió ser opcional para los países.

Parlamento EU

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